martes, 21 de marzo de 2017

La compradora de libros más rápida del Oeste

El año pasado, el último día de vacaciones antes de volver arrastrándome a Madrid*, fui con mi madre a la Feria del Libro de mi pueblo sin saber que justo a la hora a la que llegábamos empezaba un concierto. El pueblo se despide así, haciendo que todo coincida para que me dé más pena irme, pero en realidad no hace falta. El caso es que encajó todo tan bien, que cuando empezaron a cantar Castellanos de Castilla a mí casi se me cae la lagrimita.

Así que, cuando acabaron, mi madre me dijo que me regalaba el libro que estaban promocionando con el concierto y nos dirigimos al stand de la librería de mi pueblo. Como estaba bastante lleno, entre la gente que estaba comprando y la que estaba mirando, nos quedamos como en tercera fila esperando a que nos atendieran y yo, que soy un poco ansiosa, ya estaba pensando que se me iba a escapar el grupo antes de que llegara nuestro turno y, como me había hecho a la idea de la dedicatoria, no me quería ir sin ella.

Pero no habían pasado ni cinco segundos cuando veo que la librera mete un libro en una bolsa y se inclina hacia delante para entregar el libro por encima de las primeras filas de cabezas. Y entonces mi madre alarga la mano para coger el libro y le da un billete mientras yo la miro un poco en estado de pánico porque pensaba que estábamos "robando" el libro de alguien que estaba delante. Mi madre me da la bolsa con el libro y yo con la boca abierta saco el libro de la bolsa esperando encontrar otro libro o que sea el libro que quiero y la persona de al lado me pegue una patada ninja en los riñones porque era para ella. Pero es el libro que quería y es el nuestro.

-Pero... ¿cuándo pediste el libro?
-Ahora.
-Pero... si acabamos de llegar y yo llevo todo el rato a tu lado.
-Cuando llegamos hice un gesto a [la librera], cuando me vio señaló hacia el escenario**, yo asentí con la cabeza y me dio el libro.
-Pero... ¿y cómo sabías cuánto era?
-Lo pone en ese letrero en grande.

Que sí. Que no es tan sorprendente, que yo compro libros en Amazon con meses de antelación y sin tener que mediar palabra, a golpe de clic, pero os juro que nunca había visto una compra física tan rápida y mirad que compro libros, ¿eh? Tres movimientos de cabeza. TRES. Eso es lo que necesitaron para comprar/vender un libro concreto de entre todos los que había. En serio, me rindo ante las profesionales. El libro me gusta mucho, pero siempre que suena una canción de las que trae recuerdo esa venta como si fuese un momento tan mágico que tiene ya valor añadido. La cosa es que da igual que tengas cinco años o 30... tu madre siempre va a seguir siendo la jefa.

El libro era "Cantos de poeta" de Gelria, y es en realidad un libro CD con 14 poemas gallegos musicados, así que aprovecho que hoy es el Día Mundial de la Poesía para recomendároslo. Y para presumir de madre. Y de librera.



*Bueno a lo mejor no técnicamente arrastrándome, pero iba en un Arriva, así que es lo más parecido.

**Vacío a estas alturas, podía estar señalando al puerto.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cómo hacer que la ropa dure más

Para mí es un drama tener que jubilar mis botas favoritas o una de mis camisetas preferidas. Pero reconozco que tampoco lo paso bien cuando a un jersey del montón, pero de los que usas mucho,  le empiezan a salir bolitas, porque entonces hay que salir a comprar otro y eso es el mal: buscar algo que te guste, de tu talla, de un color que vaya con lo que más llevas, que no sea demasiado caro pero tampoco que rasque ni que tenga ya bolitas en la tienda (esto no sé si es que estuvo de moda una temporada o hubo un virus raro entre las ovejas con consecuencias nefastas para la lana)... y luego está la cola. Para un jersey del montón.

Una vez llamé a mi hermana por teléfono en una cola de una tienda porque me estaba agobiando. Me acababa de poner a la cola y debía de tener como mucho muchísimo 10 personas delante y le dije que me entretuviera para no tener la tentación de dejar el vaquero y volverme a mi casa. Mi hermana odia ir de compras aún más que yo, pero aún así echa las cuentas y no le entra en la cabeza: "¿Te está estresando eso? ¿Pero no hiciste una cola la semana pasada de más de tres horas para que te firmaran un libro?". Y ahí está la cosa, que yo para que me firme un libro Neil Gaiman o para coger buen sitio en un concierto o conseguir entradas para un taller en una feria de calceta hago las horas que haga falta. ¿Pero para un vaquero o un jersey del montón? Eso es dolor.

Por eso os traigo aquí algunas ideas para hacer que la ropa dure más. Con estos consejos la heredarán vuestros nietos en condiciones óptimas para una fiesta vintage, un Carnaval o lo que surja.
  1. No hagas caso a tu madre y no refuerces los botones al comprar abrigos. Pierde un botón (o dos). Guarda el abrigo en el armario durante años hasta que decidas coser el botón.
  2. Compra ropa que se arrugue fácilmente. Ni planches ni te pongas la ropa si está arrugada.
  3. Guarda bien la ropa en tu armario en casa. O sea en casa de tus padres, en la que pasas 15 días al año.
  4. Compra ropa que no conjunte con nada. A lo mejor piensas que vas a comprar algo para que conjunte y conozca la vida más allá del armario, pero no lo vas a hacer.
  5. Compra ropa para ocasiones que no vayan a darse a menudo: para ir de fiesta, para ir a correr, etc.
  6. Guarda la ropa en un lugar de difícil acceso, como en lo alto de un armario. (Mejor aún si tienes una silla con ruedas y te da miedo subir para alcanzar la ropa del armario. Si no veis aquí la peligrosidad es que nunca os pusisteis de pie en una silla con ruedas.)
  7. Compra ropa que vaya a estar de moda durante un tiempo muy limitado. (Esto me temo que sólo funciona si te importa la moda.)
  8. Compra ropa que sirva para llevar cómodamente en ningún momento del año, como un jersey de cuello vuelto... y manga corta. (Sí, existe, está en mi armario disfrutando de la eternidad.) Otros ejemplos serían abrigos de manga corta (check!) o cualquier ropa denominada "de entretiempo" como las gabardinas (check!).
  9. Adelante, compra ese vestido que te queda en este momento demasiado ajustado, porque ese kilo de más lo vas a perder ya. (No. Vas a perder dos, ganar tres, perder medio, ganar uno. Ese vestido va a vivir para siempre.)
  10. No dejes de comprar algo sólo porque haga falta hacerle un arreglo, como subirle el dobladillo. No aprendas nunca a subirle el dobladillo. (Esto a veces no funciona. "¿Por qué tiene este vaquero las perneras dobladas hacia dentro?" "Porque así es como "coso" los dobladillos".)
Si sigues estos consejos tu ropa estará como nueva años. AÑOS. Lo sé por una cosa.

Botones
El botón gris del centro ya está unido a su abrigo. Soy una campeona. (Y ahora es cuando me veo obligada a puntualizar que "solo" cinco de los botones de la foto estaban sueltos, el resto son los que traen de repuesto.)

viernes, 19 de febrero de 2016

La vuelta a casa

Es jueves. Salgo del cine y me dirijo a casa pensando que Madrid no puede ser un lugar tan horrible cuando tiene cines en versión original.

Me gustó la película y estoy de buen humor, así que empiezo a pensar en la suerte que tengo de que mi cine esté en un lugar tan céntrico y tan cerca del metro, de que en Madrid haya gente por la calle a estas horas un jueves y de que mi piso esté más cerca del metro que el anterior. Subidón post-cine on.

Y entonces, unas paradas antes de llegar, miro mi reflejo en la puerta del vagón y me sorprendo pensando "esta falda de día sí, pero para volver a casa sola de noche a lo mejor es un poco corta". Y me doy cuenta de que ya tengo desde hace un rato las llaves preparadas en la mano y de que llevo unas cuantas paradas recordándome a mí misma que al salir del metro vuelva a casa por la calle principal, no por el camino de siempre. Así que se me ocurre que, no sé, a lo mejor alegrarte porque puedes volver sola a casa sin pasar miedo* es tener el listón un poco bajo. Adiós subidón.


*El otro día le dije a mi madre que mi mejor recuerdo de mi estancia en Bruselas es no haber amanecido muerta en una cuneta, pero luego me acordé de que venden gofres y cucuruchos de patatas fritas en la calle.