La compradora de libros más rápida del Oeste

El año pasado, el último día de vacaciones antes de volver arrastrándome a Madrid*, fui con mi madre a la Feria del Libro de mi pueblo sin saber que justo a la hora a la que llegábamos empezaba un concierto. El pueblo se despide así, haciendo que todo coincida para que me dé más pena irme, pero en realidad no hace falta. El caso es que encajó todo tan bien, que cuando empezaron a cantar Castellanos de Castilla a mí casi se me cae la lagrimita.

Así que, cuando acabaron, mi madre me dijo que me regalaba el libro que estaban promocionando con el concierto y nos dirigimos al stand de la librería de mi pueblo para comprarlo. Como estaba bastante lleno entre la gente que estaba comprando y la que estaba mirando, nos quedamos como en tercera fila esperando a que nos atendieran... mientras yo pensaba en que se me iba a escapar el grupo y me quedaba sin firma. No soy nada ansiosa yo.

Pero no habían pasado ni cinco segundos cuando veo que la librera mete un libro en una bolsa y se inclina hacia delante para entregarlo por encima de las primeras filas de cabezas. Y entonces mi madre alarga la mano para coger el libro y le da un billete mientras yo la miro un poco en estado de pánico pensando que estábamos "robando" el libro de alguien que estaba delante. Mi madre me da la bolsa con el libro y yo con la boca abierta saco el libro de la bolsa esperando encontrar otro libro o, peor, que sea el libro que quiero y la persona de al lado me pegue una patada ninja en los riñones porque era para ella. Pero es el libro que quería y es el nuestro.

-Pero... ¿cuándo pediste el libro?
-Ahora.
-Pero... si acabamos de llegar y yo llevo todo el rato a tu lado.
-Cuando llegamos hice un gesto a [la librera]. Cuando me vio, señaló hacia el escenario**, yo asentí con la cabeza y me dio el libro.
-Pero... ¿y cómo sabías cuánto era?
-Lo pone en ese letrero en grande.

Que sí. Que no es tan sorprendente, que yo compro libros en Amazon con meses de antelación y sin tener que mediar palabra, a golpe de clic, pero os juro que nunca había visto una compra física tan rápida y no va a ser porque no compre libros. Tres movimientos de cabeza. TRES. Eso es lo que necesitaron para comprar/vender un libro concreto de entre todos los que había. En serio, me rindo ante las profesionales. El libro me gusta mucho, pero siempre que suena una canción de las que trae recuerdo esa venta como si fuese un momento tan mágico que tiene ya valor añadido. La cosa es que da igual que tengas cinco años o 30... tu madre siempre va a seguir siendo la jefa.

El libro era "Cantos de poeta" de Gelria y es en realidad un libro CD con 14 poemas gallegos musicados, así que aprovecho que hoy es el Día Mundial de la Poesía para recomendároslo. Y para presumir de madre. Y de librera.



*Bueno a lo mejor no técnicamente arrastrándome, pero iba en un Arriva, así que es lo más parecido.
**Vacío a estas alturas, podía estar señalando al puerto.

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