El armario de la calceta

No consigo salir del armario de la calceta. Hoy es el Día internacional de tejer en público. ¿No lo sabíais? Yo sí. Así que metí las lanas y las agujas en el bolso, me fui a la quedada que vi anunciada en Internet, llegué... y seguí de largo para acabar calcetando sola en Sol. Ole.

Lo peor es que no es la primera vez que hago esto. El último año que viví en Londres empaqueté mis lanas, fui a la quedada de Trafalgar Square... y seguí de largo para acabar calcetando sola en la cafetería de Waterstones. Hurray!

Pero es la última vez que pasa. Sí, no sólo porque tengo un plan para no sentirme acomplejada por mi lentitud (voy a llevar unas muestras ya hechas ¡ha!) sino porque recibí estas palabras de ánimo de mi hermana: "Mira, el año que viene voy yo contigo y me llevo unas agujas y me pongo a tocar la batería con ellas o a intentar hacer fuego como si fueran palitos... y tú a mi lado vas a parecer la más normal".


Consejo: calcetar en público en el aeropuerto, sí. Meter las agujas de bambú de cualquier manera en el equipaje de mano, NO.

Nota: a quien le esté poniendo nervioso que use calcetar como verbo (en vez de hacer calceta), que sepa que es un verbo que existe (en la RAE por lo menos) y se usa mucho en Galicia. He dicho.


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