La alarma

Este verano me fui una semana a Londres y me alojé en un albergue, en una habitación con otras nueve chicas. La segunda noche me despertó un ruido de una alarma del edificio. Me incorporé, miré a mi alrededor y vi nueve caras medio dormidas, medio incorporadas que se miraban las unas a las otras. Salí al pasillo y no vi a nadie, vi que al lado de la puerta había una hoja con el móvil del portero y cuando volvía hacia la hoja con el móvil en la mano la alarma dejó de sonar.

Este acontecimiento me inquietó bastante. No me preocupó que sonara la alarma ni me intriga saber por qué sonó o por qué paró. Lo que realmente me dio escalofríos fue que yo fuera la persona con más resolución de la habitación. Por dios, ¡que no puedo ser más lenta de reflejos! Si hubiera sido una película de terror no hubiéramos durado ni hasta el primer intermedio, menos mal que quedaban otras tres habitaciones...

Me acordé de esto hoy porque en el trabajo empezó a sonar una alarma y todo el mundo siguió trabajando hasta que paró. Eso sí, nos miramos con cara de "¿y esto a qué viene?" y una persona se asomó al pasillo y, cuando ya había parado, otra se asomó a la ventana para ver si había salido la gente. Esto me hace dudar bastante de la eficacia de las alarmas, así que yo les sugeriría a los fabricantes que incorporasen un dispositivo que expulse humo o huela a quemado cuando suena la alarma, para que nos lo tomemos más en serio...

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